jueves, 22 de enero de 2026

LIBERTAD

 En un mundo postapocalíptico donde los zombis gobernaban el mundo y la hambruna caminaba a pasos agigantados llegando a los sitios más inhóspitos de la tierra, la supervivencia era lo que prevalecía por encima de todas las cosas. 

Prevalecía el hecho de conseguir comida, sin importar cómo conseguirla. Así que, matar, saquear, torturar estaba bien visto para conseguir algo que llevarse a la boca.

Sin leyes vigentes la anarquía había tomado el poder. Muchas personas se habían dado cuenta de esto y lo usaban a su favor. Personas con un gran don de gentes, carismáticos y sin moral ni principios, se aprovechaban de los más desamparados, personas que harían lo que fuera por una lata de guisantes.

Este era el caso de Nicolás Green que se había hecho con un numeroso grupo de gente que lo seguían tras prometerles un nuevo comienzo lleno de esperanza y mucha comida. 

No tardaron en encontrar un sitio donde asentarse. Un pueblo, en lo alto de una montaña donde podían proteger a la gente de los zombies, amurallando el lugar y poniendo vigías día y noche con orden para matar a todo el que se acercara vivo o muerto.

Nicolás y su esposa tomaron posesión del ayuntamiento. Ella estaba embarazada y su esposo no la dejaba salir prácticamente de su dormitorio. Tenía comida y un médico siempre con ella para atender el embarazo y luego el parto.

Pero la gente empezó a no estar contenta, ni la del pueblo ni los que vivían dentro del ayuntamiento, guardias dispuestos a salvaguardar la vida de Nicolás y Virginia con la suya propia si fuera necesario.

Un día una chica que hacía los quehaceres de doncella de Virginia le contó que el pueblo se moría de hambre. Que su marido se quedaba con todo lo que encontraban en sus muchas excursiones a pueblos y ciudades cercanas, así como, todo lo que se plantaba en las tierras dejándoles una ínfima parte a ellos que no llegaban ni para subsistir. Los más débiles iban muriendo, ancianos y niños sobre todo.

En un principio  Virginia no le creyó, pero Ana decidió que lo viera por ella misma y le propuso salir a las calles ahora que su marido había salido de caza con sus hombres de confianza. Así lo hizo y lo que vio le horrorizó. 

Trazaron un plan. Había gente que vivía en el ayuntamiento que tampoco estaba de acuerdo con la manera que tenía Nicolás de llevar al asentamiento. 

Esperarían al anochecer y cuando el marido durmiera ella le inyectará una sustancia que no mataba, sólo paraliza el cuerpo.

Las cosas marchaban como estaba previsto.

Un joven, Mario, había encontrado una manera de acabar con aquel canalla de una vez por todas.

Lo llevaron a la plaza que había delante del ayuntamiento, la plaza de la libertad, la llamaban.

Mario había colocado una guillotina que había encontrado en los sótanos del ayuntamiento junto con otros instrumentos de tortura que había utilizado con algunas personas que no eran afín a él.

Colocaron la cabeza de Nicolás en ella y su mujer fue la que accionó la palanca para que la cuchilla  cercenara la cabeza de su marido.

La cabeza del tirano rodó por la plaza.


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