Tras más de 20 años de incógnitas, los forenses e investigadores conseguían poner nombre a una mujer que figuraba en los archivos de la Interpol con el apelativo de 'La mujer de Rosa', respondía al nombre de Liudmila Zadava y era de origen ruso.
sábado, 21 de marzo de 2026
El asesino de la "mujer de rosa"
domingo, 1 de marzo de 2026
BLANCA MENTIRA
El teléfono sonó en casa de los García a primera hora de la tarde.
Elisa bajó corriendo las escaleras mientras gritaba:
-¡Ya lo cojo yo!
Ya nadie tenía un teléfono fijo en casa, pero su madre se había empeñado en no desconectarlo, no le importaba las modas, ni nada de eso. Aunque todos tenían un móvil, incluida ella, el fijo seguía en su sitio en el salón junto a la foto familiar de la familia.
Elena, la madre de Elisa, salió de la cocina limpiándose las manos con un paño de cocina, estaba fregando los platos de la comida.
-Seguro que es del hospital -le dijo a su hija
-¿Diga?. Si soy su hermana. ¿Qué dice qué ha pasado?
Elisa estuvo unos minutos, que a la madre se le hicieron eternos, al teléfono sin articular palabra, solo escuchaba. Cuando al fin colgó, Elena, visiblemente preocupada, se dirigió a su hija.
-¿Le ha pasado algo a papá?
Elisa se sentó en el sofá, se cubrió las manos con las manos y comenzó a llorar.
Su madre nerviosa le preguntaba una y otra vez qué había pasado.
Cuando Elisa pudo por fin hablar, le dijo a su desconsolada madre que Eva había tenido un accidente cuando venía a casa y que la habían llevado al hospital, al mismo donde su padre estaba ingresado intentando recuperarse tras un infarto.
Los pronósticos de los médicos en relación a la recuperación del padre no eran nada halagüeñas. Y el hombre sabiendo que sus días estaban contados llamó a su hija Eva para que fuera a verlo, sabiendo que no habría otra oportunidad de verse.
Eva estaba estudiando fuera, en la universidad y tras la llamada cogió el coche y se dispuso a recorrer los trescientos kilómetros que la separaban de su padre.
Elisa y su madre cogieron sus cosas para ir al hospital. Eva estaba en cuidados intensivos y sólo les permitieron verla unos minutos, su estado era muy grave. Se había dado un fuerte golpe en la cabeza y tenía el cráneo roto por varios sitios. Estaba entubada. Le habían inducido un coma.
Desoladas fueron a la habitación del marido y padre. Estaba despierto. Les sonrió cuando las vio entrar. Estaba conectado a una máquina.
Les preguntó si sabían a qué hora llegaría Eva. Ellas le dijeron que estaba de camino. Una blanca mentira, para no preocuparlo.
A medida que pasaban las horas y su hija no llegaba, el hombre se ponía cada vez más nervioso.
Les preguntó si le había pasado algo, si al final no podía venir o si había tenido un accidente. Madre e hija volvieron a negarlo todo. Pero él seguía sin creerlo.
Pero la tensión, la ansiedad le pasó factura y las máquinas comenzaron a pitar de una manera despiadada. Le estaba dando otro infarto y éste sería el definitivo, el que acabaría con su vida. Pero antes de morir dijo algo que sorprendió a los médicos y familiares.
-Eva, al fin has venido.
El hombre falleció pero su hija lo había hecho minutos antes.
El patriarca moría por culpa de la blanca mentira.
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