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VEDOIRO

    Uvas de tama√Īos variados compon√≠an aquel vi√Īedo, de varias hect√°reas de extensi√≥n. Como cada a√Īo, el due√Īo reclutaba a gente para su recogida a finales de verano. Aquel a√Īo Juan, un hombre que iba todos los a√Īos, decidi√≥ llevar a su hijo, un chaval de quince a√Īos, para ayudarle en la tarea. El muchacho, unos d√≠as antes, hab√≠a recabado toda la informaci√≥n que hab√≠a sobre aquel lugar. Por lo general nadie har√≠a tal cosa, pero √©l ten√≠a un motivo para hacerlo. Desde peque√Īo ten√≠a un don. Para √©l era una maldici√≥n con la que tendr√≠a que cargar toda su vida. Todo hab√≠a comenzado el d√≠a de su bautismo. El sacerdote lo hab√≠a ungido con el √≥leo equivocado, no us√≥ el bautismal, us√≥ el de la extremaunci√≥n, d√°ndole con ello el "poder" de ver lo que nadie m√°s pod√≠a ver: esp√≠ritus. Se hab√≠a convertido en lo que la gente llamaba Vedoiros. Formaron parte de su vida desde aquel momento, lo vio como algo normal, hasta que fue creciendo y empez√≥ a tener conciencia de todo aquello, no era

LA GRAN SERPIENTE

    Hace mucho tiempo, hab√≠a una isla muy grande en medio del oc√©ano que ten√≠a fama de misteriosa. Se rumoreaba que en ella habitaban seres mitol√≥gicos que proteg√≠an grandes tesoros all√≠ enterrados. Aquello hac√≠a que incrementara la avaricia de la gente llev√°ndolos a querer conquistarla. Siempre fracasaban, muriendo en el intento. Aquella isla era infranqueable. Durante muchos a√Īos rein√≥ la paz. Parec√≠a que el intento de saquearla hab√≠a quedado en el olvido, hasta tal punto que ni tan siquiera pasaba un barco cerca. Pero la paz pronto se vio empa√Īada con un nuevo ataque. Esta vez tuvieron mucha suerte. Los habitantes de la isla hab√≠an sucumbido a un virus, y casi no hab√≠a vigilancia. Los pocos vig√≠as que quedaban, no eran muy efectivos, todav√≠a estaban convalecientes por la enfermedad, aunque curados, no ten√≠an la fuerza y destreza necesaria para enfrentarse a una batalla. Nada pudieron hacer ante aquel ataque que acab√≥ con la vida de los que moraban en aquella isla. S√≥lo se salv√≥

OLL√ĀPARO (continuaci√≥n)

  El joven, una vez sali√≥ de la tienda, con la bolsa de ajos en la mano, se dirigi√≥ al hotel donde se hab√≠a alojado el d√≠a anterior. Se cambi√≥ de ropa, prepar√≥ una mochila con lo necesario para subir a la cima de la monta√Īa y se subi√≥ a su todoterreno esperando regresar al hotel al anochecer. La c√°mara de fotos descansaba en el asiento del copiloto. Por el camino iba d√°ndole vueltas a lo que la gente del pueblo, incluido el tendero, le hab√≠an contado sobre aquel ogro que habitaba en las cuevas m√°s profundas de la monta√Īa: el Oll√°paro. Hab√≠a un dato que lo carcom√≠a por dentro y no pod√≠a quitar de la cabeza. El hombre de la tienda le hab√≠a dicho que los ajos no serv√≠an a lo hora de ahuyentar a aquel ser diab√≥lico. Era la √ļnica persona con la que hab√≠a hablado del pueblo que pensaba eso, y hab√≠an sido muchos.   Por l√≥gica ten√≠a que estar equivocado. Tambi√©n cab√≠a la posibilidad de que el tendero, fuera el √ļnico conocedor del tema. Decidi√≥ no pensar m√°s ello o se volver√≠a loco. Dej√≥ el coc

TRASNO

      Las hermanas Sof√≠a y Laura dorm√≠an en la misma habitaci√≥n. Sof√≠a era la mayor y como tal adoptaba una actitud protectora hacia su hermana peque√Īa, cosa que a Laura le fastidiaba mucho, s√≥lo se llevaban dos a√Īos y ella se consideraba, a sus ocho a√Īos, capaz de desenvolverse por s√≠ misma sin que su hermana le reprimiera a cada rato. Aquella noche, cuando Laura entr√≥ en la habitaci√≥n, vio a su hermana Sof√≠a tumbada en la cama, hojeando un diccionario . Llevaba puesto un camis√≥n celeste. Lo que le llam√≥ mucho la atenci√≥n es ver una ristra de ajos colgada en la cabecera de su cama. Se tumb√≥ a su lado. Hab√≠a unos soldados bebiendo agua en dos de las p√°ginas de aquel grueso libro que su hermana miraba con una extra√Īa admiraci√≥n. De repente cerr√≥ el diccionario se gir√≥ hacia ella y le dijo que le iba a contar una historia. - ¿De miedo? –le pregunt√≥ Laura. No le gustaban mucho esas historias porque despu√©s le costaba dormirse. -S√≠ –le dijo Sof√≠a- pero no de miedo, miedo, ya sa

OLL√ĀPARO

  - ¡Ajos, por favor! -le pidi√≥ al tendero de la √ļnica tienda que hab√≠a en el pueblo. El hombre mir√≥ detenidamente a aquel muchacho y le pregunt√≥ a d√≥nde iba. El joven le dijo que a subir a la cima de la monta√Īa Penalonga. El tendero guard√≥ silencio durante unos instantes, luego le pregunt√≥ para qu√© quer√≠a los ajos. El muchacho lo mir√≥ desconcertado, pensando que aquel hombre le estaba tomando el pelo. - ¿Acaso no lo sabe? - le inst√≥. Dicen que all√° arriba hay demonios. He de llevar ajos para ahuyentarlos. El tendero le puso una ristra en una bolsa. Pero se vio en la necesidad de alertarle de lo que le podr√≠a pasar si sub√≠a a aquella monta√Īa. As√≠ que lo hizo pasar a la trastienda y le cont√≥ una historia que el joven ya hab√≠a escuchado a alguna gente del pueblo. -All√° arriba en las monta√Īas, vive un gigante, lo llaman Oll√°paro. Es muy feroz, salvaje y con un gran apetito. Tiene un ojo en medio de la frente, aunque algunos aseguran que tambi√©n en la nuca. Come carne, tanto humana

NUBEIRO

  NUBEIRO   Celeste, era el color que presentaba el cielo aquella ma√Īana. Nadie podr√≠a prever lo que acontecer√≠a ese d√≠a, al contemplar aquel cielo completamente despejado. Pero un mago demon√≠aco conocido como el Nubeiro, con enormes ganas de jugar y hacer el mal, entr√≥ en acci√≥n. Aquel caluroso mes de agosto, se convirti√≥ en una verdadera agon√≠a para la gente de aquel pueblo. Ese ser malvado ten√≠a aspecto humano. Se presentaba desali√Īado y con una gran barba muy poblada. Vest√≠a de manera andrajosa, ataviado con pieles sucias y ajadas. Se dec√≠a que guardaba las nubes en cuevas que hab√≠a en la monta√Īa. Acud√≠a all√≠ cuando quer√≠a ocasionar un temporal.   Caminaba sobre ellas, cargado de truenos. Hac√≠a que las nubes soltaran todo el agua y el granizo, estropeando as√≠ las cosechas de los campesinos. Aquello me lo contaba mi abuela, creyente ac√©rrima de que aquel ser exist√≠a. Incluso en su casa encontr√© algo sobre el tema, en un libro, en algunas de sus p√°ginas.

EL PLAN

      Hab√≠a escuchado rumores y especulaciones sobre el tema desde hac√≠a mucho tiempo en boca de sus m√°s allegados, aquellos en los que pod√≠a confiar plenamente. Aquello que contaban, si era cierto, pod√≠a significar un gran avance para los suyos, significar√≠a expandirse y conquistar otros lugares donde asentarse y hacerse m√°s fuertes. Esa noche decidi√≥ aventurarse a averiguar si todo aquello que contaban era verdad. Al anochecer cogi√≥ una barca, una de las muchas que hab√≠a ancladas en el muelle, y se hizo a la mar. Conoc√≠a el sitio exacto donde ten√≠a que situarse y esperar. La espera fue corta. Una nave, de enormes dimensiones, se posicion√≥ encima de √©l. Un haz de luz se proyect√≥ sobre la barca. Dentro de la cual vislumbr√≥ una rampa en movimiento continuo. En un abrir y cerrar de ojos, estaba dentro. Los seres que lo esperaban ten√≠a una forma humana. √Čl tambi√©n la ten√≠a. Hab√≠a optado por ella, para no levantar sospechas. Tal vez si hubiese adquirido una forma animal, no habr√≠a cons