miércoles, 19 de junio de 2024

EL FINAL DE TODO

 Talbot, un muchacho de 16 años, se había quedado hasta tarde en la biblioteca terminando un trabajo de historia que tenía que entregar al día siguiente. Iba caminando hacia su casa cuando una furgoneta negra se paró a su lado.

Un hombre de mediana edad vestido totalmente de negro se bajó y se acercó a él. 

—Talbot, hijo mío, ¿cómo estás?

—¡¿Papá?! 

El muchacho se había quedado de piedra al oír la voz de ese hombre que se parecía a la de su padre que había muerto hacía menos de un año después de una larga enfermedad.

El hombre lo agarró con una gran fuerza de un brazo mientras abría la puerta de atrás de la furgoneta.

—¡Entra!

Talbot supo en ese momento que aquel hombre no era su padre y comenzó a forcejear para liberarse de él.

Tony un joven de unos 25 años venía de trabajar. Aquel día había sido agotador. Era animador y lo hacía sobre todo en fiestas infantiles. Había días en los que odiaba su trabajo y aquel era un día de esos. Estaba tan cansado y tenía tantas ganas de llegar a su casa que no se había cambiado. Todavía llevaba puesta la ropa de payaso y la cara pintada. 

Escuchó unos gritos y vio como un hombre intentaba meter a un chaval en una furgoneta. Aquello le dio mala espina. Agarró al chaval por detrás y pudo evitar que el hombre lo secuestrara. Este al verse derrotado se metió dentro y huyó de allí como alma que lleva el diablo.

Tony acompañó al chaval hasta su casa.

Mientras tanto el hombre de la furgoneta recibió una llamada.

—¿Todo bien?

—No, el chaval logró escapar.

Silencio al otro lado, una pausa demasiado larga que sabía que no significaba nada bueno.

—Siento haber fallado pero es él, estoy seguro. Al agarrarlo del brazo el contacto con su piel me produjo una quemadura. No hay duda de que es el elegido.

—Bueno, lo sabremos pronto.

La llamada se cortó.


Cuando Talbot llegó a casa vio que su madre todavía no había llegado de trabajar. Mejor así, pensó, no se encontraba bien y no quería que se preocupara. Se quitó la ropa, se puso el pijama y fue al baño.

Se miró en el espejo, el reflejo le mostraba la palidez de su cara y había algo más. Le dolía el brazo en el que aquel hombre lo había agarrado. Se lo miró. Tenía una quemadura en el lugar en que lo había agarrado. Sintió que se mareaba al verlo. Se mojó la cara con agua fría e intentó relajarse. Se volvió a mirar en el espejo. Su cara se estaba transformando. Le habían salido arrugas y sus ojos habían perdido su tonalidad azul pasando a ser negros como la oscuridad más profunda.

Salió del baño arrastrando los pies. Se sentía cansado, como si el peso del mundo recayera sobre sus hombros, como si fuera el titán Atlas.

Se sentó ante su escritorio dispuesto a terminar el trabajo de historia que tenía que entregar a primera hora de la mañana pero no pudo. En su lugar cogió unos folios y comenzó a escribir. Él no lo hacía, una mano invisible lo hacía por él, estuvo escribiendo durante horas y cuando terminó se sintió tan exhausto que se metió en la cama, no escuchó a su madre llamándolo para cenar ni escuchó abrirse la puerta cuando ella fue a ver si se encontraba bien ni el beso que le dio en la frente deseándole buenas noches.

Talbot escribió la profecía del final de la tierra.

Cuando se despertó por la mañana se encontró como un mundo destruido, todos habían muerto. Seres infernales habían tomado la tierra y la aclamaban como el nuevo dios.


jueves, 6 de junio de 2024

PESADILLA

 Por tercera noche consecutiva Murray se despertó empapado en sudor y con el corazón saltando en su pecho con la fuerza y la furia de un caballo desbocado.

Su mujer, Ángela, trataba de tranquilizarlo.

—¿Otra vez la misma pesadilla? —le preguntó visiblemente preocupada.

—Sí. Pero esta vez, al igual que la de ayer, había algo diferente.

—No entiendo….

—Verás Ángela. La primera vez yo estaba sentado en una silla, en medio de un gran salón. Estaba de espaldas a la ventana. La luz del atardecer que se colaba por ella, alargaba de manera considerable mi sombra. Podía sentir una presencia que me observaba detrás de mí. Intentaba levantarme pero parecía que aquella maldita silla estuviera sujetándome para que no lo hiciera..  Sentía que aquello que se acercaba a mi lo iba haciendo lentamente, tomándose su tiempo y presentía que si no conseguía levantarme de aquella maldita silla, si no lo hacía…. moriría.

Ángela lo abrazó con fuerza mientras unas lágrimas se deslizaban por sus mejillas al imaginarse la angustia que había sentido su marido.

—La segunda noche la pesadilla comenzó igual, pero había algo diferente. Aquella presencia estaba detrás de mí. Pude percibir su olor. No era desagradable. Me resultaba conocido, aunque debido al estado de auténtico terror que sentía, no pude identificarlo. Aquella aparición se acercó más a mí. Pude sentir un cosquilleo en mi oreja derecha. Era su aliento. Me susurró algo que no logré comprender.

Su mujer lo besó tiernamente en los labios y luego se acurrucó a su lado.

—Y esta noche ¿qué pasó? —le preguntó.

—Esta noche querida, ese ser, esa aparición dio un paso más. Esta vez cuando me susurró al oído entendí lo que me decía. 

—¿Qué te decía?

—Vas a morir…. Sentí el filo de un cuchillo en mi cuello y cómo hacía un pequeño corte.

 —¡Mi amor, es horrible! Pero piensa que sólo fue una pesadilla, estás vivo, aquí a mi lado. No quiero ni pensar qué sería de mí si tú me faltaras.

—Sí, es cierto. Ha sido sólo un sueño. Intentemos dormir de nuevo.

—Pero antes, bajaré a por un vaso de leche caliente,  te ayudará a dormir mejor.

—Gracias querida. Te quiero mucho.

—Yo también, mi amor.


Cuando se despertó sintió que tenía el cuerpo entumecido. Estaba sentado en una rígida silla de madera. Intentó moverse sin 

éxito alguno. Le dio la impresión de que la silla lo tenía atrapado. No podía mover la cabeza, ni los brazos, ni las piernas. Vio su sombra alargada en el suelo. Estaba de espaldas a una ventana. Aquella era la luz del atardecer. Pero… cómo era posible. No recordaba haber llegado allí. Lo último que recordaba es estar en la cama con su mujer, con Ángela.

¿Dónde estaba y cómo había llegado hasta allí?

Estaba reviviendo su pesadilla. Sabía lo que pasaría a continuación. Aquel ser acercándose a él por la espalda. Aquellas palabras que le susurraban al oído y el cuchillo en su garganta.

Y así fue. Pero ahora sí reconoció el olor que le había sido tan familiar en sus sueños. Era la colonia que usaba su mujer. Entonces…

—El sueño de Murray lo asesinó en realidad —escuchó la voz de Ángela mientras le rajaba el cuello.

Murió haciéndose una única pregunta:

—¡¿Por qué?!



EL FINAL DE TODO

  Talbot, un muchacho de 16 años, se había quedado hasta tarde en la biblioteca terminando un trabajo de historia que tenía que entregar al ...