miércoles, 29 de abril de 2026

NO ME TOQUES

 "Coleccionista de desgracias" rezará la placa colocada sobre mi lápida, porque eso es lo que soy yo. Mi última morada será en mi querida Iguña, corazón de Cantabria.

Mi vida hasta terminar la universidad, transcurrió de manera apacible, donde predominaban los buenos momentos sobre los malos. Me regalaron una moto el día de mi graduación, un sueño hecho realidad, gracias a la generosidad de mi padre.  

Aquel verano lo recuerdo como el mejor de mi vida. Emprendí en solitario una aventura sobre dos ruedas, recorriendo gran parte del país. Me sentía poderoso, invencible, un dios, inmortal, hasta que un coche me devolvió a la realidad de mi mortalidad. 

Crucé la fina línea que separa la vida de la muerte. No vi una luz al final del túnel. No. Vi el resplandor de una hoguera y sombras danzando a su alrededor. Sombras tenebrosas, malvadas. 

Una de ellas notó mi presencia y me agarró con fuerza del brazo arrastrándome con él. Grité, grité con todas mis fuerzas y me resistí con todas mis fuerzas. Me envolvió en su negrura y comencé a gritar. Fue entonces cuando salí del coma. Gritando, sudando, presa del pánico y con el corazón a punto de estallar en mi pecho.

 No regresé solo, traje a aquel ente, a aquel demonio conmigo. A partir de aquel momento toda persona que me toca acaba sufriendo algún mal que suele acabar en muerte. Una mala caída, un accidente, una enfermedad… Le enfermera que vino a verme sufrió un ataque al corazón allí mismo intentando cambiarme la vía. El médico murió en un accidente al salir de trabajar y así cada persona que me había tocado en ese hospital me tocaba acababa muerto en las siguientes horas.

Así que opté por vivir alejado del mundo, sin contacto humano alguno.  A veces, cuando la sombra me deja  escribir, lo hago sobre la oscuridad que habita en mí y en el mundo porque no estamos a salvo. Esos demonios viven entre nosotros y ansían nuestras almas. 

Otras veces cuando el demonio que habita en mí está ocupado hago algún que otro sudoku.


miércoles, 15 de abril de 2026

ODIO CUANDO...

 Gran parte de nuestra vida nos la pasamos diciendo o pensando, odio cuando, mis padres me dicen lo que tengo que hacer, odio cuando, el profesor me castiga o me suspende, a veces puede que injustamente y otras no, odio cuando mi jefe me exige más de lo que puedo o debo hacer, pidiéndome horas extras que luego no me va a pagar, odio cuando… y así una larga lista de cosas que odiamos, que, sin darnos cuenta, son el pan nuestro de cada día. No estamos conformes con nada. Bueno generalizando claro, habrá quien no se sienta reflejado ante estas reflexiones.

Bueno no sé quién va a leer esta carta, la policía tal vez, o los sanitarios, no lo sé. Cuando alguien lo haga yo ya estaré muerta y la verdad creo que me va a dar igual quien la lea, el caso es que lo hagan, por lo menos para ayudar a otras personas, que sé que las hay, que están en mi situación.

Me voy a matar, a quitar la vida, a suicidarme o como queráis llamarlo, porque ya estoy harta del odio cuando. Pero no del odio  que mencioné anteriormente, ojalá fuera ese, por dios que daría lo que fuera por que fuera ese, no, no lo es.

Odio cuando no tengo el control de mi cuerpo, ni de mi mente, ni de mis actos.

Odio cuando estoy relegada al fondo del abismo cuando otros “yo” toman el control.

Odio cuando exponen mi cuerpo a situaciones peligrosas, que no suelen salir bien y acaba mal parado.

Odio cuando la locura invade mi mente y pensamientos oscuros afloran en ella.

Odio cuando no soy yo y el resto del mundo no lo ve.

Tengo que convivir con cinco “yo” diferentes. Créanme es una tortura. Porque yo siento, veo y no puedo hacer nada.

Escribo esta carta en un momento de lucidez, soy yo, he logrado salir, porque los otros no están activos en este momento, están, en pausa, dormidos, tal vez sea la hora de la siesta para ellos (una broma para distender un poco el ambiente). No lo sé. Apagados o fuera de cobertura. Ahora mi verdadero yo tiene el control. Aunque sea por un breve espacio de tiempo. Y qué bien sienta, por dios. Por eso es ahora o nunca porque tal vez pase mucho tiempo, y muchas desgracias más, hasta que pueda volver a tener el pleno control de mis facultades físicas y mentales.

Pido perdón por lo que he hecho, aunque no pudiera evitarlo al no ser yo, lo he visto todo desde la oscuridad donde estoy inmersa, las atrocidades que han hecho, las mentiras que han dicho, los engaños y todo lo inimaginable que puede hacer un ser humano, lo han hecho ellos.

No quiero que nadie sufra más por todo ello. Entonces mientras no despierten me quitaré la vida, así no podrán hacer más daño. Saben aquel dicho “muerto el perro, muerta la rabia”, no sé si está bien que diga esto, pobre perro, pero no se me ocurría otro, lo siento.

Quiero que mi familia sepa que los quiero mucho, que siento todo el daño que les he causado, quiero que sepan que no era mi “yo”, ellos me conocen y saben que no mataría ni una mosca. Les perdono sus dudas, porque sé que las hubo. Y sobre todo espero de corazón que me perdonen y que me recuerden como la madre y esposa que adora a su familia y que intenté siempre hacer lo correcto.

Bueno, me despido ya, creo que la siesta ha llegado a su fin. No me queda mucho tiempo. Por favor, perdonadme, pero esto es lo mejor que puedo hacer por mí y por todos.

Siempre quise volar, como un pájaro, como un alma libre. Ahora lo haré, aunque sólo sea por unos segundos.

 


EL GRAN HERMANO TE ESPÍA

  —¡Joe, me voy! –gritó una mujer en el piso de abajo –te dejo comida en la nevera. —¡Vale, mamá! –le respondió su hijo- ¡conduce despacio y...