Una noche sin luna, la locura me asió de la mano.
Me llevó por el sendero de lo misterioso, fantástico, tenebroso…
Me mostró la muerte en forma de animales, juguetes, demonios, asesinos, pájaros, ritos.
Me mostró que la desesperación lleva a historias sin finales felices.
La locura poseyó mi mente y comencé a divagar.
Sola, perdida en la oscuridad de mi mente.
A veces atisbaba algo de esperanza.
Como una luz que se cuela entre las cortinas de mi habitación al amanecer.
De manera fugaz.
Una pizca de sal necesaria para aderezar el caldero de la muerte en las profundidades del infierno.
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