mi茅rcoles, 7 de septiembre de 2022

VENENO DE AMOR

 

El d铆a tan deseado para ella, con el que siempre hab铆a so帽ado, hab铆a llegado. El chico que le gustaba, Anko, del que llevaba enamorada desde que ten铆a uso de raz贸n, la hab铆a invitado al cine.  Se pas贸 parte del d铆a buscando una ropa adecuada para la ocasi贸n. Su nerviosismo iba en aumento a medida que se acercaba la hora de la cita.

Mientras se arreglaba so帽aba con lugares lejanos, de los que hab铆a o铆do hablar en las novelas rom谩nticas que devoraba, repletos de finales felices y encuentros rom谩nticos bajo la luz de la luna. Se imaginaba que su historia de amor se asemejar铆a a los relatados en aquellos libros que tanto le gustaban.

El joven la esperaba frente a su portal. Le dio un r谩pido beso en la mejilla. Elisa se ruboriz贸.  Comenzaron a caminar. 脡l le agarr贸 la mano. Ella dej贸 que lo hiciera.

A un par de manzanas del cine el joven tom贸 una calle apenas transitada y poco iluminada. Ella reticente a seguirlo le pregunt贸 el motivo de ir por all铆. 脡l le respondi贸 que llegar铆an antes si tomaban aquel atajo. Ella no quer铆a llegar antes, quer铆a que los minutos se alargaran en el tiempo para seguir disfrutando eternamente de su compa帽铆a. Pero no dijo nada y siguieron caminando.

Un coche se detuvo a escasos metros.

Dos muchachos se apearon de 茅l. Uno la agarr贸 por la espalda al tiempo que le tapaba la boca con un pa帽uelo. Al poco rato perdi贸 el conocimiento.

Cuando se despert贸 era de noche. Estaba tumbada entre unos arbustos cerca de un camino de tierra que atravesaba el bosque. Intent贸 levantarse. Los muchachos apoyados en el coche, beb铆an y fumaban sin parar de re铆rse.

El cuerpo le dol铆a horrores.

Anko se acerc贸. Ella hab铆a conseguido, a duras penas, ponerse de rodillas. Le suplic贸 que la ayudara a levantarse. Por toda respuesta recibi贸 una patada en la cara. Su cabeza cay贸 hacia atr谩s golpe谩ndose de lleno contra una piedra. Antes de morir, mir谩ndole fijamente a los ojos, jur贸 venganza. Exhal贸 su 煤ltimo suspiro en forma de pregunta: ¿por qu茅?

Nerviosos al ver lo que hab铆a pasado se metieron en el coche con la intenci贸n de huir de all铆. No llegaron muy lejos. En medio del camino vieron la silueta de un ser monstruoso. Ten铆a la cabeza de un toro, sin embargo, caminaba erguido sobre dos piernas humanas. Era muy alto, sobrepasaba los dos metros de altura.

Levant贸 el coche con sus patas delanteras como si de una pluma se tratara y lo lanz贸 al aire con una fuerza descomunal. En su trayectoria chocaba contra los 谩rboles que hab铆a a ambos lados del camino. 脡stos fueron cayendo al suelo, uno a uno, como si de palillos se trataran.

Anko logr贸 salir del coche en llamas.  Estaba malherido, pero segu铆a con vida. Sus amigos no tuvieron la misma suerte. Sus cuerpos se consumieron entre las llamas.

Logr贸 ponerse a salvo al pie de un 谩rbol. Las sirenas de los bomberos se o铆an todav铆a lejanas.

Escuch贸 el ruido de fuertes pisadas. El suelo temblaba a cada paso. Cerr贸 los ojos muerto de miedo. Supo, antes de verlo, que se trataba del monstruo que los hab铆a abordado en el camino. Sin embargo, a medida que se iba acercando a 茅l, aquellos pasos iban perdiendo intensidad.

Alz贸 la mirada y la vio. Era ella. Elisa. Ten铆a la cabeza ensangrentada y la ropa sucia y desgarrada. Sus ojos carentes de vida, lo observaban detenidamente. Intent贸 levantarse. Pero ten铆a una pierna rota.  Grit贸 desesperado.

-Probar谩s mi veneno de amor –sentenci贸 ella.

A partir de ese d铆a su vida se volvi贸 un infierno. Ten铆a pesadillas con aquel monstruo. Reviv铆a cada noche el horror de ver a sus amigos envueltos en llamas entre gritos aterradores de dolor y miedo. Cuando al fin se despertaba, ba帽ado en sudor y con el coraz贸n a punto de salirse del pecho, Elisa estaba all铆, acostada junto a 茅l en la cama, mir谩ndolo, con una sonrisa macabra dibujada en su cara.

 

 

mi茅rcoles, 31 de agosto de 2022

UN RAMO DE FLORES

 

Sentado en un viejo sill贸n al lado de la ventana contemplaba la calle desierta a esas horas de la madrugada salvo por la presencia de un par de gatos hurgando en el contenedor de basura. La habitaci贸n en la que se encontraba estaba en penumbra. Hab铆a encendido su pipa y fumaba tranquilamente sin dejar de mirar a trav茅s del cristal. Aquel hombre esperaba a alguien. Sus insistentes miradas a su reloj de mu帽eca en intervalos cada vez m谩s peque帽os, lo delataban. Sobre su regazo descansaba un libro cerrado. En el lomo con letras doradas se pod铆a leer: venenos.

Un ruido en la habitaci贸n lo puso en alerta. Se gir贸. Su mirada se clav贸 en la puerta.

- ¡Llegas tarde! –le recrimin贸 a la persona que acababa de llegar. Su voz denotaba enfado e impaciencia.

No obtuvo respuesta.

El hombre se puso en pie y se encamin贸 hacia la sombra situada a escasos metros de 茅l.  La luz mortecina que arrojaban las farolas de la calle sobre la habitaci贸n mostraban la silueta de mujer.

-Tienes muy mal aspecto, querida –le espet贸 mientras con un adem谩n le se帽alaba el sill贸n- sent茅monos.

A medida que aquella sombra se iba acercando a la ventana dejaba al descubierto la verdad en las palabras del hombre sobre el aspecto de la mujer. Llevaba un vestido blanco de lino que presentaba manchas de barro y tierra. Su cabello rubio aparec铆a desmara帽ado y con restos de hojas.

Ella se sent贸 en el sill贸n que hab铆a ocupado el hombre. 脡l lo hizo en el suelo frente a ella.

Sab铆a que volver铆a a su lado. Hab铆a le铆do que tras la partida algunas almas volv铆an pasadas pocas horas de su muerte, sobre todo si buscaban venganza, como supon铆a que era su caso. Al fin y al cabo, 茅l la hab铆a asesinado. Sin embargo, ella hab铆a tardado casi dos d铆as en volver. No parec铆a enfadada. M谩s bien pod铆a decirse que estaba ida, como si todav铆a no hubiera asimilado la verdad de su situaci贸n.

- ¿Qu茅 me ha pasado? –logr贸 decir la mujer.

El hombre solt贸 una carcajada al tiempo que agarraba una de las manos fr铆as de la mujer entre la suyas.

-Querida, hace una semana fue tu cumplea帽os, ¿lo recuerdas?  –le pregunt贸 el marido.

-Si… -musit贸 ella dubitativa.

- ¿Recuerdas mi regalo? –le dijo el hombre clavando su mirada en los ojos azules y sin vida de su esposa. Los mismos que a帽os atr谩s lo hab铆an enloquecido de amor.

-Un ramo de peon铆as. Dentro hab铆a una caja. Recuerdo el collar de perlas. Lo bien que luc铆a en mi cuello y luego…. –comenz贸 a divagar ella.

-Fueron mis flores malditas las que acabaron con tu vida. Una semana en la cama entre la vida y la muerte –prosigui贸 茅l- con mucha tos, presi贸n en el pecho y luego… no pod铆as respirar. Veo que los recuerdos vuelven a ti, querida. Puse ricina en las flores. Un veneno letal.

-T煤…. –lo mir贸 con ira al darse cuenta de lo que le hab铆a pasado realmente. ¡T煤 me has matado!

- ¡Bingo! Querida. –le respondi贸 茅l, euf贸rico- He salido impune de tu asesinato. Tu cuerpo descansa en el cementerio. Soy viudo a los ojos de dios y de los hombres.

Ella se levant贸. Y comenz贸 a caminar por la habitaci贸n. Caminar no era la palabra correcta, ella no caminaba, flotaba de un lado a otro de la habitaci贸n. Sus movimientos eran cada vez m谩s r谩pidos. Estaba visiblemente enfada.

- ¿Por qu茅? –le espet贸 a su marido. Hab铆a ira y rabia en su voz.

- ¡Oh querida!, me enter茅 de lo tuyo con mi hermano. ¿Cre铆ais que no me dar铆a cuenta?

- ¿Qu茅 hiciste con 茅l? –le pregunt贸 ella. Su voz ya no denotaba ira, sino miedo.

-脡l no corri贸 tan buena suerte como t煤, mi amor. Lo mat茅 y lo enterr茅 en el bosque. Siempre fue un hombre solitario. Nadie lo echar谩 de menos. Todos piensan que est谩 en uno de sus muchos viajes por el mundo.

- ¿Est谩s seguro de ello? -pregunt贸 ella.

El hombre abri贸 la boca para responder, pero no lleg贸 a hacerlo. Una estanter铆a repleta de libros cay贸 sobre 茅l movida por unos brazos invisibles. Antes de exhalar su 煤ltimo aliento pudo ver la cara de su asesino.

La venganza de los amantes se hab铆a llevado a cabo con 茅xito.

 

 

 

 

 

mi茅rcoles, 24 de agosto de 2022

MUJER SERPIENTE

 

Esta es la historia de Clarisa, una joven princesa que, acorde a su condici贸n de hija de reyes, su vida estaba ya dispuesta desde el momento justo de nacer.

Clarisa siempre fue una ni帽a inquieta, ansiosa de conocimientos. Disfrutaba horas y horas leyendo en la inmensa biblioteca que ten铆a en el castillo. Sus favoritos eran los de aventuras y romance. La transportaban m谩s all谩 de aquellos muros fr铆os y sombr铆os y la llevaban a tierras lejanas repletas de duendes y dragones, donde un apuesto muchacho la salvar铆a de todo peligro.

Un soleado d铆a de primavera, Clarisa sali贸 a pasear por el jard铆n. Se sent贸 sobre un tronco ca铆do dispuesta a terminar de leer la novela que se tra铆a entre manos. El crujir de una rama muy cerca de donde se hallaba, la puso en alerta. Tras ese crujir escuch贸 unos pasos. No le cab铆a la menor duda de que aquellas pisadas sobre las ramas secas se dirig铆an hacia ella. Tras el tronco de un 谩rbol se asom贸 un joven. Eran pocos los muchachos ajenos al castillo que pisaban aquellas tierras. Se ruboriz贸 ante la mirada de aquel joven, poseedor de unos inmensos ojos azules que le recordaban a un cielo despejado de un d铆a de verano. Su sonrisa se asemejaba a los rayos del sol y su pelo era negro como la noche m谩s cerrada.

Aquel fue el primer encuentro de muchos que tuvieron los j贸venes. Tantos que la chispa del amor finalmente encendi贸 la llama del amor en sus corazones.

Una tarde ella apareci贸 a la hora de siempre en aquel tronco ca铆do donde se reun铆an a diario desde hac铆a muchos meses. Esper贸 y esper贸, pero aquel joven no hizo acto de presencia. Ella ten铆a una noticia que darle. El fruto de aquel amor crec铆a en su vientre.

Los d铆as dieron paso a los meses y nunca m谩s volvi贸 a saber nada de aquel muchacho. El d铆a que naci贸 su hijo, el rey, lo asesin贸 atraves谩ndole su peque帽o coraz贸n con una daga.

Ella, fuera de s铆, cogi贸 el atizador de la chimenea y descarg贸 todo su furia y su rabia sobre su padre. El rey logr贸 eludir el mortal golpe cogiendo el atizador con las manos. La joven comenz贸 a temblar viendo el cambio que se produc铆a en la mirada de su progenitor. Aquellos ojos negros como la noche m谩s oscura, aquella donde residen todos los demonios procedentes del mism铆simo infierno, no se parec铆an en nada a los que ella recordaba. Aquellos ojos tiernos, llenos de bondad y amor con los que la miraba.

Aquel atizador cobr贸 vida en sus manos. Ella no lo hab铆a soltado. Not贸 como una corriente sacud铆a su cuerpo. La ira y la furia la hab铆an abandonado. En su lugar el miedo tom贸 posesi贸n de su cuerpo. Sinti贸 que se estaba produciendo un cambio en ella. Sus piernas y sus brazos desaparec铆an ante su at贸nita mirada. La trasformaci贸n en un ser diab贸lico se estaba llevando a cabo. Mientras esto se produc铆a vio el cuerpo de su beb茅 sin vida yaciendo en medio de un gran charco de su propia sangre. Pero aquel beb茅…. No era un beb茅 como tal. Ten铆a pezu帽as en vez de pies y manos. Unos peque帽os cuernos sobresal铆an de sus sienes y su tez ten铆a cierto color morado que no hac铆a m谩s que acrecentar su desconcierto.

- ¡M铆ralo bien! –le espet贸 su padre- Ese es el engendro que has parido. Has tra铆do al mundo a un hijo de sat谩n.

Ella lanz贸 un grito ensordecedor, mientras lanzaba al aire una pregunta ¿POR QU脡?

La transformaci贸n estaba llegando a su fin. Ya no era un ser humano. Se hab铆a convertido en una aberraci贸n. Su cabeza estaba unida al cuerpo de una serpiente.

Se sinti贸 tan vac铆a que quiso escapar de ella misma. Dio media vuelta y se lanz贸 al fuego prendido en la enorme chimenea que ocupaba gran parte de la pared del fondo de la habitaci贸n. Qued贸 envuelta entre las llamas mientras 茅stas la devoraban entre alaridos desgarradores del dolor. Los habitantes del castillo se santiguaban una y otra vez.

Cuando los gritos dejaron de o铆rse y por fin todos se pudieron relajar un poco pensando que lo peor ya hab铆a pasado, una humareda sali贸 de la chimenea. Bajo la mirada at贸nita del rey aquel humo tom贸 la forma de una mujer. Abri贸 la boca del beb茅 muerto y le insufl贸 humo. Al cabo de un rato el infante comenz贸 a llorar. Ella lo agarr贸 fuertemente entre sus brazos y desaparecieron por una de las ventanas.

 

mi茅rcoles, 17 de agosto de 2022

LA VENGANZA SE SIRVE EN PLATO FR脥O

 

“La venganza se sirve en plato fr铆o” Qu茅 maravillosa frase. A quien se le hubiera ocurrido por primera vez merec铆a una ovaci贸n, pens贸 la mujer.

Sara llevaba m谩s de veinte a帽os trabajando como enfermera en aquel hospital p煤blico. Se hab铆a casado con su novio del instituto. 脡l hab铆a realizado los estudios de medicina y ella de enfermer铆a. Se casaron nada m谩s terminarlos y el destino les deparaba tambi茅n una convivencia profesional. Trabajaban en el mismo hospital.

Pas贸 el tiempo, tuvieron dos hijos, que ya hab铆an abandonado el nido. El trabajo les iba bien y el matrimonio, aparentemente, tambi茅n. Pero un d铆a las cosas cambiaron. Su marido comenz贸 a mostrarse algo huidizo, nervioso, despistado incluso, algo inusual en 茅l, siempre tan seguro de s铆 mismo. Ten铆a una agenda personal donde anotaba todo lo que ten铆a que hacer cada hora de cada d铆a del a帽o. Aquel control de su tiempo rayaba la obsesi贸n. Su extra帽o comportamiento la alert贸.

Todo comenz贸 el d铆a en que se dej贸 la agenda en casa. Nunca hasta ese momento le hab铆a pasado.

Aquella ma帽ana muy temprano hab铆a recibido una llamada que lo hab铆a alterado bastante. Ella le pregunt贸 qui茅n hab铆a llamado y 茅l le respondi贸 que era del hospital, una urgencia. No ten铆a por qu茅 mentirle porque con tan solo hacer una llamada ella sabr铆a si le hab铆a dicho la verdad o no. As铆 que no se preocup贸. Dio media vuelta en la cama y volvi贸 a dormirse. Pero su sue帽o fue interrumpido a los pocos minutos. Una compa帽era de urgencias la estaba llamando. El motivo de dicha llamada era para contarle que su marido hab铆a llegado hac铆a un rato, pero no como m茅dico sino como presunto pariente de una joven que acababa de ingresar por un intento de suicidio. Se hab铆a cortado las venas. La r谩pida intervenci贸n de su compa帽era de piso le salv贸 la vida.

Con una tranquilidad pasmosa, se levant贸, se visti贸 y se dirigi贸 al hospital. La joven ya hab铆a salido de quir贸fano y descansaba en una habitaci贸n privada gracias a la influencia de su marido. En el expediente de la joven 茅l figuraba como su pariente m谩s cercano. Pero ella sab铆a que aquello era mentira, no la conoc铆a de nada, no era una pariente ni lejana ni cercana. Tras ver las atenciones que le prestaba en la habitaci贸n, arrumacos, besos en la boca supo que sus sospechas estaban m谩s que confirmadas. Un retazo de conversaci贸n que escuch贸 tras la puerta entornada fue la guinda del pastel.

-Cari帽o, hoy mismo se lo digo y nos iremos a vivir juntos. No quiero perderte.

As铆 que su marido la quer铆a dejar por aquella mujer, joven y guapa, apart谩ndola de su vida como si fuera un trapo viejo y usado. Aquello explicaba su extra帽o comportamiento en las 煤ltimas semanas.

Sinti贸 como la ira, la rabia y los celos, emerg铆an de su interior. Aquel coctel de sentimientos sabiamente mezclados y agitados desencadenar铆an una potente arma destructiva que har铆a saltar todo por los aires. Pero qu茅 m谩s le daba. Todo estaba perdido ya, o no.

Sali贸 al aparcamiento. Ten铆a una copia de las llaves del coche de su marido. Cort贸 el cable del l铆quido de frenos y se fue a casa tranquilamente a esperar.

La llamaron unas horas despu茅s para decirle que su marido estaba ingresado. Hab铆a sufrido un accidente de coche. Estaba en quir贸fano. Hab铆a perdido mucha sangre.

Regres贸 al hospital. Se puso una peluca para que no le reconocieran y un atuendo de quir贸fano. Al entrar comprob贸 el caos que reinaba all铆 dentro, nadie se fij贸 en ella, le pidieron que trajera un par de bolsas de sangre para hacerle una transfusi贸n. As铆 lo hizo. Pero cambi贸 las etiquetas antes. La sangre, su veneno. 

Se fue al ba帽o, se quit贸 la bata, la peluca y el maquillaje y se encamin贸 tranquilamente a la sala de espera. Pronto recibir铆a noticias de su marido.

 

 

 

mi茅rcoles, 10 de agosto de 2022

MENTIRAS

 

Era una soleada tarde de verano de un d铆a muy especial para ella. Su cumplea帽os. Sus padres hab铆an preparado una gran mesa en el jard铆n. Sus primos, sus t铆os, sus abuelos, sus amigos, todos estaban all铆 reunidos. Pero aquel no era una celebraci贸n cualquiera. Hab铆a salido del hospital, hac铆a menos de una semana, tras someterse a un trasplante de ri帽贸n.

Lleg贸 el momento de los regalos. Su padre se acerc贸 a ella y le entreg贸 un peque帽o paquete envuelto en papel de regalo de color blanco con un lazo rojo. Lo abri贸. Dentro hab铆a una cadena de plata con un colgante en forma de mariposa. Era precioso. Mir贸 a su padre con los ojos llenos de l谩grimas y lo abraz贸 con fuerza. Entonces el cuerpo de su padre se deshac铆a entre sus brazos mientas escuchaba una voz que dec铆a. “nada es lo que parece”.

Grit贸. Hab铆a sido una pesadilla, la misma que durante las 煤ltimas semanas, la despertaba noche tras noche.

Un mes despu茅s de su cumplea帽os, hab铆an sufrido un accidente de coche cuando iban de camino al colegio. Ella sali贸 ilesa salvo por algunos rasgu帽os. Su padre hab铆a pasado varios d铆as en el hospital hasta que la muerte se lo llev贸.

Hab铆an pasado quince a帽os y todav铆a recordaba con gran nitidez, cada detalle de aquel accidente. Pod铆a sentir la angustia y el miedo que la hab铆an embargado en esos angustiosos momentos.

Sab铆a que esa noche le costar铆a volver a dormir. Mir贸 la hora. Las doce y media. Se levant贸 y se encamin贸 hacia la cocina a beber un vaso de agua.

Escuch贸 un ruido a sus espaldas. Pensando que era Juan, su marido, le pregunt贸 si tambi茅n se hab铆a desvelado. Al no obtener respuesta se gir贸. No hab铆a nadie. Estaba sola. Pero hab铆a algo sobre la mesa de la cocina. Algo que antes no estaba. Una caja peque帽a. Dentro hab铆a un colgante. Lo reconoci贸 al instante. Era como el que le hab铆a regalado su padre el d铆a de su cumplea帽os y que hab铆a perdido el d铆a del accidente. Nunca apareci贸 a pesar de todos los esfuerzos que hicieron por encontrarlo. Y ahora… estaba all铆 delante de ella.

Pensando que hab铆a sido obra de su marido, cogi贸 la caja y fue hasta la habitaci贸n. Encontr贸 a Juan completamente dormido. ¿Si no hab铆a sido 茅l, qui茅n hab铆a sido entonces?

Volvi贸 a la cocina. Se sent贸 y lo contempl贸 durante unos minutos. Reuni贸 las fuerzas suficientes para sacar el colgante de aquella cajita. Le dio la vuelta y all铆 estaba, la inscripci贸n que hab铆a mandado grabar su padre, “Mi gran guerrera. Te quiere, pap谩”.  Rompi贸 a llorar.

Miles de recuerdos se agolparon en su memoria. Recuerdos que no quer铆a evocar pero que emerg铆an uno tras otros a una velocidad vertiginosa. Comenz贸 a recordar los d铆as angustiosos que hab铆a pasado mientras su padre luchaba por sobrevivir. Y el momento en que el m茅dico le hab铆a dado a su madre la fat铆dica noticia de su fallecimiento.

Record贸 que a partir de ese momento todo hab铆a sucedido muy deprisa. El ata煤d cerrado, y el entierro pocas horas despu茅s. Su madre rota de dolor apenas se mov铆a. Dej贸 de hablar. Sus abuelos la hab铆an cuidado durante los meses posteriores a la muerte de su padre mientras esperaban la recuperaci贸n de su madre. Pero la anhelada mejor铆a nunca lleg贸. Meses despu茅s se quitar铆a la vida.

A pesar del trauma que hab铆a sufrido sus abuelos se volcaron en ella d谩ndole una buena vida y sobre todo mucho cari帽o y comprensi贸n, acompa帽谩ndola en cada paso que daba. Nunca se hablaba de su padre en casa. Ella siempre pens贸 que era a causa del dolor de la p茅rdida. Ellos hab铆an perdido a un hijo y a una nuera. Era mucho dolor.  Nunca volvi贸 a la casa que hab铆a compartido con sus padres.

Y ahora…

Volvi贸 a escuchar otro ruido. Una puerta se cerr贸. Sali贸 al pasillo.

-Juan, ¿eres t煤? –pregunt贸 en un tono entre asustado y enfadado. Porque si su marido la quer铆a asustar lo estaba consiguiendo con creces.

Sinti贸 un fuerte dolor en la cabeza.

Poco a poco, fue recobrando la conciencia. Los recuerdos de lo que hab铆a pasado fueron tomando forma, poco a poco, en su memoria. Ten铆a una hinchaz贸n en la frente. La hab铆an golpeado y ese era el resultado. Se levant贸 con esfuerzo. Mir贸 a su alrededor. Estaba oscuro. Pero pudo distinguir las siluetas de las tumbas que la rodeaban. No le cupo la menor duda de que estaba en el cementerio. Se sacudi贸 la tierra y comenz贸 a caminar. A los pocos metros vio una pala que descansaba sobre una tumba. El nombre de su padre estaba grabado en la l谩pida.

Comenz贸 a cavar.

Estaba amaneciendo cuando la pala golpe贸 el ata煤d. El golpe le hab铆a hecho un agujero.  No le cost贸 mucho arrancar la madera podrida de la tapa, lo suficiente para ver lo que hab铆a en su interior. Un mont贸n de piedras. Dentro de ese ata煤d nunca hubo un cuerpo.

La hab铆an enga帽ado. 脡l no hab铆a muerto. Su madre se hab铆a quitado la vida por una mentira.

Alguien pronunci贸 su nombre al pie del hoyo. Mir贸 hacia arriba. Hab铆a un hombre.

Supo que era su padre.

El hombre comenz贸 a hablar. 

-La guerrera busca en la tumba la verdad –le dijo.

Elisa todav铆a llevaba la pala en la mano.  

- Espero que me perdones mi peque帽a guerrera, por abandonaros a ti y a tu madre. La muerte me acecha y los remordimientos me corroen el alma. Vengo a implorar tu perd贸n.

Sin pens谩rselo dos veces le golpe贸 la cabeza con la pala.  

Luego lo arroj贸 a la tumba. A su tumba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

mi茅rcoles, 3 de agosto de 2022

MORIR ES OLVIDO

 

No sab铆a con exactitud el tiempo que llevaba en aquel sitio. Al principio, iban a visitarlo bastante a menudo, una o dos veces al mes. Le llevaban un ramo de sus flores que impregnaba el ambiente con su olor evoc谩ndole recuerdos de su casa.

Las visitas se fueron distanciando.  Pasando a ser una vez cada dos meses, luego cada seis y desde hac铆a un par a帽os s贸lo iban a visitarlo el d铆a de su cumplea帽os.

El tiempo que pasaban con 茅l tambi茅n se vio reducido a unos escasos minutos, lo justo para dejarle las flores, saludar e irse.

La verdad es que se sent铆a muy solo en aquel lugar, aunque hubiera m谩s gente all铆. Casi todos eran muy amables con 茅l. Encontr贸 gente de su edad, j贸venes que al igual que 茅l hab铆a acabado con sus huesos all铆 de manera prematura.

La 煤ltima vez que hab铆a visto a su hermano gemelo se percat贸 de lo mucho que hab铆a crecido. Se hab铆a convertido en un joven muy guapo, alto y atractivo. Sus padres hab铆an envejecido bastante y su madre siempre lloraba cuando dejaba sobre tumba el ramo de margaritas blancas que siempre fueron sus preferidas.

Una tarde dando un paseo por los pasillos de aquel recinto, se encontr贸 con un hombre con aspecto de cura, lo hab铆a visto varias veces por all铆, aunque nunca hab铆an entablado una conversaci贸n s贸lo un ligero movimiento de cabeza a modo de saludo. Siempre iba leyendo el mismo libro que llevaba entre sus manos agarr谩ndolo con fuerza como un tesoro. Al acercarse a 茅l se dio cuenta de que se trataba de la Biblia. Le pregunt贸 amablemente, c贸mo podr铆a salir de aquel lugar.

El hombre lo mir贸 fijamente, entorn贸 los ojos y le sonri贸 de una manera casi lastimera al tiempo que le dec铆a.:

-Jovencito, para salir de estos muros has de ir acompa帽ado de alguien que te venga a visitar. Y por lo que veo por las flores marchitas que hay sobre tu tumba, hace mucho tiempo que nadie lo hace.

Solt贸 una carcajada que reson贸 en el cerebro del joven como una guitarra desafinada y se alej贸.

Faltaban unos meses para su cumplea帽os. Tendr铆a que esperar hasta ese d铆a a que vinieran a visitarle para poner en pr谩ctica su plan de fuga.

Pero su espera result贸 ser m谩s corta de lo que esperaba.

Unos d铆as despu茅s hubo un entierro. Un nuevo hu茅sped se alojar铆a en aquel lugar para siempre, donde dormir铆a el sue帽o eterno.

Una joven se acerc贸 a su tumba. Ten铆a los ojos enrojecidos de tanto llorar. Al principio no la reconoci贸. Hab铆a cambiado mucho. Pero al hablar supo con certeza qui茅n era aquella joven tan guapa que le hablaba. Era Elisa, su novia. 

Le cont贸 que acababa de morir su abuelo. 脡l conoc铆a bien el cari帽o que se procesaban el uno al otro y entendi贸 el dolor por el que estaba pasando ella, un dolor desgarrador que con el paso del tiempo se ir铆a calmando.

Luego se puso a hablar, atropelladamente, de lo que le echaba de menos, que todav铆a no le hab铆a olvidado. Aquello le son贸 a despedida m谩s que a una declaraci贸n de amor.

Un joven se acercaba a ella caminando entre las tumbas. No hizo falta que se acercara mucho para saber de quien se trataba, era mi hermano gemelo. Lleg贸 al lado de Elisa, la agarr贸 por la cintura, la bes贸 en los labios y le dijo que ten铆an que irse ya. No le dejaron ni una m铆sera flor, nada. En ese momento se dio cuenta de la cruda realidad, morir es olvido.

Estaba furioso, con todos y con todo. Quer铆a gritar, descargar su enojo sobre ellos. No exist铆a una extensi贸n m谩s grande de dolor que el que sent铆a aquel joven en aquellos momentos.

Escuch贸 un ruido.

Al lado de su tumba hab铆a un gran 谩ngel de piedra con las alas desplegadas.

Le habl贸 durante unos minutos. El rostro del joven mud贸 por completo.

El 谩ngel le convirti贸 en vengador.

Le dijo lo que ten铆a que hacer.

Se subi贸 a lomos de la joven, su Elisa de anta帽o.

Fue al atravesar las puertas del cementerio cuando la muchacha comenz贸 a sentirse mal. Se sent铆a cansada, le dol铆a todo el cuerpo y notaba una presi贸n enorme sobre su espalda y sobre todo le costaba mucho respirar.

Su novio llam贸 una ambulancia que no tard贸 en llegar.

Mientras se encaminaban al hospital la joven pudo ver su imagen reflejada en una de las ventanas de la ambulancia. Aquello la volvi贸 loca. Ten铆a unos brazos alrededor de su cuello y la cabeza de un muchacho junto a la suya. Grit贸….

 

 

 

viernes, 29 de julio de 2022

EN LA PARADA DEL AUTOB脷S

 

Hab铆a sido un d铆a agotador y lo 煤nico que deseaba Elisa, m谩s que nada en el mundo, era llegar a su casa, cenar algo e irse a la cama.

El d铆a no hab铆a comenzado bien. El coche no arranc贸 cuando intent贸 encenderlo. Tuvo que llamar a una gr煤a. En el taller le informaron que tardar铆an unos d铆as en arreglarlo, no entendi贸 muy bien de que se trataba el arreglo del que le hablaban porque estaba demasiado agobiada para prestarle la debida atenci贸n.

Cogi贸 un taxi. Lleg贸 tarde al trabajo. Su jefe la mir贸 por encima de las gafas cuando entr贸 en la oficina. Aquello no presagiaba nada bueno.

A media ma帽ana cuando se estaba preparando una taza de caf茅, la llam贸 a su despacho.

Le dijo que ten铆a que llevar un nuevo caso que hab铆a llegado esa ma帽ana. Estaba hasta arriba de trabajo. Pero no dijo nada. No quer铆a tentar a la suerte. As铆 que asinti贸 y sali贸 con una carpeta baja el brazo y que coloc贸 sobre el gran mont贸n que hab铆a sobre su mesa. Tendr铆a que olvidarse del descanso por ese d铆a.

Un rato despu茅s de camino al ba帽o un compa帽ero tropez贸 con ella derram谩ndole el contenido de su taza de caf茅 sobre su blusa blanca. El hombre se excus贸 un mill贸n de veces mientras ella le restaba la importancia que realmente ten铆a con una amable sonrisa. Trat贸 de quitarse la mancha en el ba帽o sin mucho 茅xito. Menos mal que ese d铆a no ten铆a pensado recibir a nadie en su despacho. Pero, aun as铆, a pesar del calor que hac铆a, sac贸 un jersey de uno de los cajones de su escritorio donde lo guardaba para d铆as patosos como aquellos y se lo puso.

Su marido la llam贸. Se hab铆a torcido un tobillo. Estaba en el hospital. Ella quer铆a ir. Pero 茅l le dijo que en un rato se ir铆a a casa. No era nada grave y que estaba bien. Por causas obvias no podr铆a ir a buscarla a la oficina. As铆 que, no le quedaba otra alternativa que coger el autob煤s de regreso a casa porque dos taxis en el mismo d铆a era un derroche excesivo de un dinero del que no dispon铆a.

Sentada en la parada del autob煤s pensaba en su llegada a casa y so帽aba despierta con la ducha de agua caliente que se tomar铆a antes de cenar. Algo cay贸 al suelo cuando intent贸 colocar el bolso a su lado. Era un libro.

Mir贸 a su alrededor por si ve铆a a alguien que lo viniera a buscar al acordarse de que lo hab铆a olvidado all铆, pero la calle estaba completamente vac铆a, salvo por un par de coches que circulaban en esos momentos.

Estir贸 una mano y lo cogi贸. Parec铆a pesado. No ten铆a t铆tulo. Estaba encuadernado en piel. Presentaba un aspecto deteriorado debido, quiz谩, por el paso del tiempo y del uso. Las esquinas estaban algo ajadas. No ten铆a t铆tulo.

Lo abri贸. Las hojas estaban amarillentas y presentaban manchas de humedad.

La primera p谩gina estaba en blanco. No hab铆a fecha de impresi贸n ni rastro de la identidad del autor.

La siguiente comenzaba diciendo:

-Hab铆a una vez una joven que esperaba el autob煤s, estaba tan ensimismada leyendo un libro que no vio acercarse a un anciano de aspecto desali帽ado y empujando un carrito de supermercado repleto de cachivaches, en su direcci贸n. La joven se dio cuenta de su presencia cuando not贸 un olor f茅tido frente a ella. Levant贸 la mirada….

Elisa dej贸 de leer porque aquel olor que se describ铆a en aquella p谩gina era tan real que hasta pod铆a olerlo.

Alz贸 la vista y vio a un vagabundo frente a ella sonri茅ndole, mostr谩ndole una boca carente de casi todos los dientes y los pocos que le quedaban estaban podridos por la falta de higiene. El miedo la envolvi贸.

Instintivamente agarr贸 el bolso y lo apretuj贸 contra ella.

El hombre no dejaba de mirarla. Ya no sonre铆a.

-No voy a robarle. Solo quiero unas monedas para comer algo, nada m谩s –le dijo en tono lastimero que la hizo sentirse culpable. Lo que no vio Elisa era el gran cuchillo que escond铆a en uno de los bolsillos de su holgado y sucio abrigo marr贸n.

Ella abri贸 el bolso y le dio un billete. Despu茅s de darle las gracias una infinidad de veces desapareci贸 calle abajo. No lo supo, pero se hab铆a librado de una muerte segura.

Ya un poco m谩s calmada retom贸 la lectura.

Hab铆a una vez una joven que esperaba el autob煤s, estaba tan ensimismada leyendo un libro que no se dio cuenta de la llegada de uno. Alz贸 la vista y vio que no era el suyo, pero….

El ruido de un frenazo la hizo levantar la mirada. Frente a ella se hab铆a parado un autob煤s. Se fij贸 en el n煤mero que figuraba en el lateral. No era el que ella esperaba. Las farolas que hasta ese momento hab铆an permanecido apagadas se encendieron de repente arrojando luz sobre los pasajeros que iban dentro.

El libro cay贸 de sus manos cuando se puso en pie de un salto. Ya no estaba asustada, no, hab铆a entrado en p谩nico total. Lo que vio a trav茅s de los cristales eran cuerpos en descomposici贸n, algunos ya esqueletos, otros les colgaban jirones de carne en la cara como si fueran trozos de tela desgarrada

Y lo peor de todo aquello era ver c贸mo le sonre铆an.

El autob煤s de los muertos arranc贸 desapareciendo de su vista al dar la vuelta a la esquina. Lo que no sab铆a Elisa es que si se hubiera subido acabar铆a como ellos.

Elisa estaba muy alterada y sudaba copiosamente. Sac贸 el m贸vil del bolso. Ten铆a que llamar a un taxi, no pensaba permanecer all铆 ni un segundo m谩s, pero….

La visi贸n del libro en el suelo la hizo reflexionar.

Todo aquello no eran nada m谩s que visiones provocadas por el cansancio que embargaba su cuerpo. Su autob煤s no tardar铆a en llegar. Intent贸 mirar la hora en el m贸vil, pero 茅ste se hab铆a apagado. Intent贸 encenderlo sin ning煤n 茅xito. Parec铆a que se hab铆a muerto.

Intent贸 calmarse.

Leer铆a un rato m谩s mientras esperaba.

-Hab铆a una vez una joven que esperaba el autob煤s, estaba tan ensimismada leyendo un libro que no se percat贸 de la presencia de una ni帽a peque帽a que la observaba hasta que 茅sta le tir贸 de la manga del jersey para llamar su atenci贸n.

Elisa se sobresalt贸. Alguien le tiraba del jersey. Levant贸 la mirada y vio a su lado a una ni帽a rubia de no m谩s de siete a帽os que la miraba muy seria. Ten铆a los ojos rojos de haber llorado y todav铆a pod铆a ver restos de l谩grimas en su peque帽a cara pecosa.

Elisa le pregunt贸 si se hab铆a perdido. La ni帽a movi贸 la cabeza afirmando.

Le pregunt贸 donde viv铆a. La chiquita se帽al贸 con el dedo al descampado que hab铆a tras la marquesina del autob煤s.

No sab铆a qu茅 hacer, no quer铆a perder el autob煤s, no pod铆a llamar a nadie porque el m贸vil no le funciona y su conciencia le dec铆a que ten铆a que ayudar a aquella ni帽a peque帽a.

Se levant贸 y le dio la mano a la peque帽a. La ten铆a helada. Le dijo que si ten铆a frio, ella le dejaba su jersey sin ning煤n problema. La ni帽a neg贸 con la cabeza. Se pusieron a caminar en silencio.

Escuch贸 su nombre a sus espaldas. Reconoci贸 la voz que lo pronunciaba. Era de su marido, de Juan.

Hab铆a ido a buscarla. Cuando lo vio acercarse a ella se dio cuenta de que no cojeaba y su cara era la viva imagen de la angustia y el miedo. Pero, ¿por qu茅? Ella estaba bien.

El la abraz贸 con fuerza. Rompi贸 a llorar.

-Elisa, ¿qu茅 te ha pasado? Hace horas que ten铆as que estar en casa. Ya no hay autobuses. Has desaparecido todo el d铆a. Llam茅 a la oficina y me dijeron que no hab铆as ido a trabajar. Llevo todo el d铆a busc谩ndote.

-Pero ¿qu茅 dices? - le respondi贸 ella desconcertada- sal铆 del trabajo hace un rato y me sent茅 aqu铆 a esperar, todav铆a no ha pasado y ahora me dispon铆a a llevar a esta ni帽a perdida con sus padres.

-Que ni帽a? –le pregunt贸 Juan

La ni帽a no estaba a su lado.

Lo que no sab铆a Elisa es que si hubiera ido con ella habr铆a desaparecido tambi茅n, para siempre.

Elisa muy asustada mir贸 a su alrededor, sab铆a que a ojos de su marido parec铆a que hab铆a perdido la cabeza, pero no era as铆, hab铆a visto a la ni帽a y le hab铆a dado la mano, de eso estaba segura, incluso recordaba lo fr铆a que la ten铆a cuando la cogi贸. No pod铆a explicar a Juan ni a nadie d贸nde estaba. No hab铆a nadie por la calle. No hab铆a ni rastro de la peque帽a.

Mir贸 a su marido y le pregunt贸 por qu茅 no cojeaba. Lo 煤ltimo que sab铆a de 茅l es que hab铆a estado en urgencias porque hab铆a sufrido un accidente.

脡l la mir贸 sin comprender de lo que le estaba hablando. No hab铆a tenido un accidente aquel d铆a. No hab铆a estado en urgencias.

Ella no entend铆a nada.

Entonces se acord贸 de algo.  Se quit贸 el jersey para comprobar que la mancha de caf茅 de esa ma帽ana segu铆a all铆. No hab铆a ninguna mancha en su blusa, porque llevaba el pijama puesto y estaba limpio.

Era oficial, se hab铆a vuelto loca.

-Espera –le dijo a Juan en un intento de desechar esa posible demencia que parec铆a cernirse sobre ella inevitablemente- hab铆a un libro que empec茅 a leer mientras esperaba el autob煤s. Lo encontr茅 en el banco donde estaba sentada. Ech贸 a andar hacia la marquesina, casi corr铆a. Y all铆 estaba el libro.

Lo agarr贸 entre sus manos como quien coge un trofeo. No estaba loca. Ten铆a el libro. Pero…

En la portada hab铆a algo escrito. Era el t铆tulo que antes se le hab铆a pasado por alto ¿o no?

“Momentos casi perfectos para morir”.

 

 

 

 

 

 

NO ME TOQUES

  "Coleccionista de desgracias" rezar谩 la placa colocada sobre mi l谩pida, porque eso es lo que soy yo. Mi 煤ltima morada ser谩 en mi...